Son las 6 menos 5 minutos de la mañana. Ya hace ya un buen rato, llegué de ver la procesión extraordinaria de regreso por los 25 años de la coronación canónica de la Esperanza de Triana. La he dejado antes de terminar Reyes Católicos y al llegar he puesto la televisión, ya que retransmitían el paso de la Virgen por el “Puente de Triana” y su recorrido por el barrio.
Me dejó muy buen sabor de boca la procesión de ida hacia la catedral, aunque también ayuda que uno iba predispuesto a tenerlo pues reconozco mi predilección hacia esta imagen. Pero sin querer molestar a nadie, no puedo decir lo mismo de esta procesión de regreso a su templo.
Iba ya de por sí con retraso al suspenderse la salida a la hora prevista por la lluvia, por lo que aproveché la lentitud en la salida de la Catedral para tomar algo y verla ya en la Plaza Nueva. El paso hasta el convento de San Buenaventura, aún siendo lento no se ha hecho tedioso. Lo malo empezó algo más tarde, mientras terminaba por Carlos Cañal en dirección Zaragoza y Reyes Católicos. Más de hora y media para llegar a esta última calle y además con el paso llevado entonces por los hermanos costaleros del paso de Cristo, que comprensiblemente llevaban un rarísimo andar.
Ya es conocida la idiosincrasia de muchas hermandades, dadas a extender hasta largas horas sus salidas procesionales y a salir de forma extraordinaria con relativa frecuencia. Pero aún, repito teniendo un especial afecto en este caso a la Esperanza de Triana, creo que se está sobrepasando el sentido de este tipo de actos. En este como en otros muchos casos, lo bueno si breve ...
Son ya las 7 menos cuarto, y sigue la procesión en la calle. Y queda todavía el paso por la capilla de la Estrella y la entrada en Pureza, fijada sobre las 5 (antes de la lluvia). Pero no por ello dejo de verla como una procesión desmedida.